Las libélulas, con sus alas iridiscentes y vuelo acrobático, son mucho más que un espectáculo estival. En la Península Ibérica, estos insectos actúan como indicadores clave de la salud de nuestros humedales, un ecosistema cada vez más amenazado.
A diferencia de las mariposas o las abejas, las libélulas pasan la mayor parte de su vida en estado larvario bajo el agua. Las ninfas, voraces depredadoras de mosquitos y renacuajos, pueden vivir hasta dos años en charcas y arroyos limpios. Este largo periodo las convierte en centinelas perfectas: donde hay larvas de libélula, el agua es de calidad.
En España y Portugal se han registrado más de 80 especies de odonatos (libélulas y caballitos del diablo). Entre las más llamativas destaca la Sympetrum striolatum, de abdomen rojo intenso, y la gigante Anax imperator, capaz de alcanzar los 80 km/h en vuelo. Ambas son fáciles de observar en lagunas de montaña y arrozales del Delta del Ebro.
“Observar una libélula cazar es como ver un helicóptero de combate en miniatura: precisión, velocidad y una belleza hipnótica.”
Aunque suelen asociarse a grandes humedales, es posible crear un pequeño oasis para libélulas en un jardín urbano. Basta con instalar una charca de al menos 60 cm de profundidad, con plantas acuáticas como nenúfares o juncos, y evitar el uso de pesticidas. En pocas semanas, las libélulas comenzarán a patrullar el agua en busca de mosquitos.
La desecación de humedales, la contaminación agrícola y el cambio climático están reduciendo drásticamente las poblaciones de libélulas en la Península Ibérica. Según la Lista Roja de la UICN, un 15% de las especies ibéricas están amenazadas. Iniciativas como la restauración de balsas de riego y la creación de microhumedales urbanos están ayudando a revertir esta tendencia.
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Leer más →Entomólogo e Investigador en Biodiversidad
Con más de quince años de experiencia en el estudio de artrópodos ibéricos, el Dr. Herrera ha liderado proyectos de conservación de polinizadores en Andalucía y Cataluña. Su trabajo se centra en la creación de microecosistemas urbanos que favorecen a abejas solitarias, mariposas y escarabajos saproxílicos. Es autor de diversas guías de campo y colabora con universidades para promover la entomología ciudadana.